Allá por el 2005, ante el advenimiento del cumpleaños de mi amigo Germán, se me ocurrió a modo de regalo (junto a una remera o un libro, no me acuerdo), juntar un manojo de pedacitos de cartulina, abricharlas e improvisar un cuento con ilustraciones, así, al tún-tún. Encontré los scans el otro día, y si bien no es una genialidad, vale la pena recordarlo.